
El dolor de cabeza está tardando en irse y se sumaron unas líneas de fiebre. La puerta del botiquín del baño se abre y un blíster aparece como la solución. Al revisar el acopio doméstico de medicamentos se asoman unas pastillas vencidas, que terminan en el inodoro. En segundos, el botón se ocupa de hacer desaparecer el problema, sin tener en cuenta el destino final de esos comprimidos y las consecuencias de ese simple acto.
La escena se repite a diario en cientos de hogares y, poco a poco, estas acciones individuales van construyendo una problemática colectiva, que deriva en el río Suquía. Componentes químicos de medicamentos fuera de uso y vencidos empiezan a recorrer kilómetros y kilómetros, acumulándose en el entorno de la geografía cordobesa.
La automedicación, el descarte responsable de medicamentos y las consecuencias negativas de esas prácticas naturalizadas siguen representando un desafío para todo el sistema de salud pública, convirtiéndose en un problema de alto impacto social.
“El uso racional de medicamentos requiere de un compromiso conjunto de la sociedad. Solo mediante el trabajo coordinado entre todos los actores es posible avanzar hacia un uso más seguro, efectivo y responsable de éstos”, advirtió Santiago Palma, profesor titular en la Facultad de Ciencias Químicas (UNC) e investigador superior de CONICET.
Consciente de esta problemática, en 2025, la Sociedad Internacional para la Mejora del Uso de Medicamentos (ISIUM) estableció el 8 de julio como el Día Internacional del Uso Racional de Medicamentos, una iniciativa que la FCQ (UNC) ya viene impulsando desde hace tiempo a través de su compromiso extensionista, la formación de grado y de posgrado y su Centro de Información de Medicamentos (CIME).
“La misión del CIME es ejecutar acciones para promover este enfoque en la provincia de Córdoba a través de información técnico-científica, objetiva, actualizada, oportuna y pertinente, debidamente procesada y evaluada y sin fines de lucro. Esto se enmarca en los servicios farmacéuticos basados en Atención Primaria de la Salud”, explicó la docente e investigadora Sonia Uema, directora de ese Centro.

Ese desafío también involucra a una red de actores de los ámbitos público y privado. Según Palma, “las empresas farmacéuticas deben promover información científica transparente y actuar con responsabilidad ética, mientras que las universidades y los centros de investigación tienen la responsabilidad de formar profesionales de excelencia y generar evidencia científica que sustente las decisiones sanitarias”.
En ese sentido, los colegios profesionales y las sociedades científicas también resultan clave para impulsar la educación continua y la actualización permanente. A estas instituciones se suma el Estado que, según el académico de trayectoria internacional, “debe desarrollar políticas públicas que favorezcan el acceso equitativo a medicamentos de calidad, fortalecer los sistemas de farmacovigilancia, promover campañas de educación sanitaria y garantizar el cumplimiento de la normativa vigente”.
Compromiso individual y colectivo
El uso racional de medicamentos implica una responsabilidad individual y, a la vez, un compromiso colectivo. Debido a esto, Sonia Uema destacó la necesidad de promover el enfoque establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1985. Según esa entidad, “los pacientes reciben la medicación adecuada a sus necesidades clínicas, en las dosis correspondientes a sus requisitos individuales, durante un período de tiempo adecuado y al menor coste posible para ellos y para la comunidad”.
En relación a esto, la especialista resaltó: “Tomando de base esta definición, podemos notar que para su promoción no solo se asume la garantía de calidad de los medicamentos sino también cómo se prescriben, dispensan y utilizan, involucrando a las profesiones sanitarias, a las personas que los consumen y a toda la comunidad”.
Entre las prácticas recomendadas, las y los expertos señalan la utilización de medicamentos solo bajo supervisión y prescripción médica; el estricto cumplimiento de las dosis, los horarios y la duración del tratamiento; la consulta a los y las profesionales médicas o farmacéuticas de confianza y un aspecto clave: “la automedicación cero”.

Evitar esa práctica es uno de los pilares de la responsabilidad a la que apela la comunidad científica. El consumo de fármacos sugeridos por terceras personas, sin prescripción médica o farmacéutica, puede ocultar enfermedades e, incluso, provocar efectos secundarios o interacciones peligrosas para la salud. Esto se agrava aún más cuando se trata de antimicrobianos.
“El uso inadecuado de antibióticos puede derivar en resistencia antimicrobiana. Cuando se utiliza de forma incorrecta, el antibiótico no logra erradicar la infección por completo; en su lugar, elimina únicamente a las bacterias más débiles o sensibles. Aquellas bacterias supervivientes, logran multiplicarse y dan origen a una nueva colonia de bacterias resistentes al tratamiento”, describió Carolina Bustos Fierro, directora de la Farmacia Central del Hospital Nacional de Clínicas (HNC) y coordinadora de instructores de prácticas farmacéuticas de la carrera de Farmacia de la FCQ.
Según la experta, este fenómeno de resistencia antimicrobiana se desencadena principalmente ante conductas inadecuadas como la interrupción prematura del tratamiento, especialmente bajo el argumento de que la persona “ya se siente bien”; la subdosificación y alteración de frecuencias, lo que provoca que los niveles del fármaco en el organismo caigan por debajo de la Concentración Inhibitoria Mínima (CIM) y el uso erróneo en infecciones virales.
En relación a esta última conducta, Bustos Fierro explicó: “Los antibióticos solo destruyen bacterias, no tienen ningún efecto sobre los virus como la gripe, el resfriado o el dengue. Por lo tanto, su uso en cuadros virales destruye la microbiota benéfica (bacterias buenas del organismo), rompiendo el equilibrio ecológico y permitiendo que bacterias oportunistas adquieran ventajas de resistencia”.

Farmacias comunitarias y hospitalarias bajo un mismo desafío
Las buenas prácticas para un uso racional de medicamentos no sólo involucran a las farmacias comunitarias, sino también a las actividades de las farmacias hospitalarias. Según Bustos Fierro, este compromiso profesional responde a la necesidad de aplicar y controlar tratamientos eficaces para la seguridad de las personas.
“A diferencia de una farmacia comunitaria -enfocada en la dispensación y atención a pacientes ambulatorios-, el rol de la farmacia hospitalaria se basa en un servicio clínico y de gestión integrado a la institución de salud, cuyo objetivo es garantizar que cada paciente internado reciba el medicamento correcto en la dosis adecuada, por la vía indicada y durante el tiempo necesario”, dijo Carolina Bustos Fierro.
En ese sentido, y en base a la gestión diaria del Área de Farmacia Central del HNC, la farmacéutica sostuvo que el uso racional no es un acto aislado, sino que se trata de una cadena estratégica sustentada en 4 ejes fundamentales:
- La gestión integral: basada en procesos como la selección y adquisición de medicamentos; su almacenamiento y conservación y la gestión de consumo a través de programas y protocolos.
- La participación farmacéutica interdisciplinaria y clínica: presencia de profesionales en servicios de internación y su intervención en revista de sala además de la realización de estudios de utilización de medicamentos para conocer con precisión los patrones de consumo.
- Elaboración de formulaciones propias y medicamentos huérfanos, esenciales en el caso de enfermedades raras: un desafío para lograr un acceso equitativo a tratamientos donde la industria farmacéutica comercial no ofrece respuestas.
- Participación en comités institucionales y farmacovigilancia: estas acciones permiten la fiscalización y el asesoramiento institucional mediante actividades como el monitoreo de medicamentos críticos.

Debido a esta diversidad de funciones, para un uso adecuado de medicamentos, el rol de las y los profesionales farmacéuticos trasciende el ámbito académico y se vincula de manera directa con la sociedad, desde una farmacia de barrio hasta un gran centro hospitalario, representando un nexo fundamental entre pacientes y equipos de salud.
“Quienes tienen formación en Farmacia desempeñan un papel esencial para garantizar el uso seguro, eficaz y racional de los medicamentos. Su intervención permite orientar a los y las pacientes sobre la correcta utilización de los tratamientos, detectar posibles interacciones, prevenir reacciones adversas, promover la adherencia terapéutica y desalentar la automedicación cuando ésta puede representar un riesgo”, señaló Palma.
Asimismo, el actual secretario de Innovación y Vinculación Tecnológica de la UNC destacó la relevancia que tienen las farmacias en este tema. “Son el único canal seguro para la provisión de medicamentos evitando, entre otros problemas, el consumo de productos adulterados o falsificados”, dijo.

El rol de la FCQ, una dosis imprescindible
Los equipos académicos y científicos de la FCQ vienen abordando esta problemática desde antes que se estableciera la conmemoración. El uso adecuado de medicamentos orienta diversas acciones de esta Casa de Estudios, que van desde la formación de grado y de posgrado y la actividad extensionista hasta la agenda mensual del CIME.
En cuanto a la carrera de Farmacia, Uema señaló: “Este enfoque se adelantó a las exigencias de cambios curriculares, por lo que el eje central pasó de formar personas expertas en medicamentos a desarrollar competencias para ofrecer servicios profesionales asistenciales vinculados al uso responsable de éstos. En ese sentido, se fueron incorporando asignaturas y temas priorizando las necesidades de pacientes en materia de medicación, tanto en docencia de grado como de posgrado”.
Los servicios farmacéuticos que se abordan en la carrera implican la dispensación, la revisión del uso de la medicación, la formulación magistral, el seguimiento farmacoterapéutico, la farmacovigilancia y el descarte seguro de medicamentos.

Por otra parte, en la comunidad científica también se observa un mayor interés en cubrir las brechas de necesidades no satisfechas en farmacoterapia, ya sea desde el acceso, la optimización y hasta el desarrollo de nuevas estrategias farmacológicas.
Otro aporte de la FCQ es el portal web del CIME, donde se ofrece información independiente e imparcial. “Elaboramos informes y recursos mostrando beneficios, riesgos e incertidumbre en torno al uso de medicamentos. Asimismo, realizamos publicaciones de manera colaborativa con la Red Argentina de Centros de Información de Medicamentos (RACIM) y la Red de Centros de Información de Medicamentos de Latinoamérica y el Caribe (Red CIMLAC)”, explicó su directora.
Los puntos de recolección de medicamentos vencidos en localidades argentinas; las condiciones de venta de fórmulas conocidas como Ibuprofeno, “Prazoles” y Diclofenac; las preguntas frecuentes sobre la vacuna en contra del dengue y los medicamentos autorizados a base de cannabis son algunos tópicos de los informes de ese Centro.
A estas estrategias de comunicación se les suman acciones con un impacto directo en la comunidad para dar respuestas a las consultas de profesionales, la prensa y personas interesadas. En ese marco, se destaca el convenio de cooperación con el Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de Córdoba, según resolución decanal 1373/2018.

“Las respuestas se elaboran teniendo en cuenta el perfil de quienes hacen la solicitud, adaptando el contenido para facilitar su comprensión y aprovechamiento. La mayor proporción de consultas proviene de profesionales de Farmacia, seguida por quienes se dedican a la docencia-investigación y profesionales de la salud”, explicó Uema, quien también se desempeña como secretaria de la RACIM.
Asimismo, dentro de la Facultad, el equipo del CIME aplica su expertise en la docencia de grado y de posgrado y en propuestas de investigación y de extensión vinculadas con la temática. Entre ellas, las tutorías a estudiantes que realizan búsquedas de información sobre medicamentos en el Practicanato Preparatorio de la carrera de Farmacia.
En este marco, el Centro también colabora con uno de los proyectos más exitosos de la FCQ en los últimos años: la Campaña de recolección de medicamentos vencidos o fuera de uso, que coordina la profesora Virginia Aiassa junto a docentes y estudiantes de Salud Pública, en el marco de la curricularización de la extensión.



“La doctora Aiassa modificó el diseño pedagógico de la asignatura al incorporar la extensión al currículo, como una herramienta para formar profesionales comprometidos, críticos y socialmente situados. El compromiso y la participación de estudiantes y docentes se potencian de manera notable cuando son protagonistas de acciones en terreno”, indicó Sonia Uema.
La iniciativa surgió como una experiencia piloto en 2023 y se terminó de consolidar en 2024, tras la firma de un convenio de colaboración con la Secretaría de Salud de la Municipalidad de Córdoba, según resolución 985/2024, con el apoyo de la Secretaría de Extensión y las Prosecretarías de Planificación, Inclusión e Innovación Educativa y de Vinculación y Transferencia Tecnológica de la Facultad.
Entre 2023 y 2026, estudiantes y docentes de Farmacia recolectaron más de 67.500 unidades de medicamentos vencidos o fuera de uso, de origen domiciliario, a partir de las campañas anuales, lo que refleja el compromiso de la FCQ y el desafío de seguir estableciendo redes interinstitucionales para aportar mayores soluciones.
“Desde 2024, hay un incremento en el volumen recolectado en una única jornada anual, lo cual pone de manifiesto la necesidad de que la Municipalidad habilite puntos fijos para la recepción de estos residuos peligrosos. Esta acción permitirá que la ciudadanía cordobesa pueda descartar medicamentos en forma adecuada durante todo el año, independientemente de las campañas de refuerzo para concientizar sobre el impacto ambiental negativo y el riesgo para la salud pública”, reflexionó Sonia Uema.

Redacción: Cristian Walter Celis. Fotografías: Macarena Calvo. Prosecretaría de Comunicación Institucional (FCQ, UNC).
