
En el marco de esta efeméride de la ciencia, nos contactamos con Damián Cambiagno, investigador y profesor auxiliar del Departamento de Química Biológica Ranwel Caputto, de la Facultad de Ciencias Químicas (UNC), para que nos cuente: ¿qué es el ARN y por qué se celebra el 1 de agosto?
El ARN o ácido ribonucleico es una molécula fundamental para la vida. Quizás, estamos acostumbrados a escuchar sobre el ADN, la molécula que almacena la información genética de todos los seres vivos. Una forma sencilla de imaginarlo es pensar en el ADN como un gran libro de instrucciones. Sin embargo, para que esas instrucciones puedan utilizarse, primero deben copiarse y traducirse. Ahí es donde entra en juego el ARN.

El ARN actúa como un intermediario entre el ADN y las proteínas, que son las moléculas responsables de llevar a cabo gran parte de las funciones dentro de las células. Por su parte, el ARN está formado por cuatro bases químicas: adenina, uracilo, guanina y citosina (A, U, G y C). El orden en que estas bases aparecen determina la información que contiene cada molécula de ARN y, en muchos casos, qué proteína se producirá a partir de ella.
¿Y qué relación tiene todo esto con el Día Internacional del ARN? Cuando una célula comienza a fabricar una proteína, necesita reconocer una señal de inicio en la molécula de ARN. Esa señal es una secuencia formada por tres bases consecutivas: adenina, uracilo y guanina (AUG). Curiosamente, AUG también es la abreviatura de August (agosto, en inglés). Aprovechando ese juego de palabras, se eligió el primero de agosto como el Día Internacional del ARN.
Lo más interesante es que conocemos el origen de esta celebración: el 25 de abril se conmemora el Día del ADN; y en 2018, la RNA Society propuso en la red social X (por entonces Twitter) la idea de que el ARN también merecía tener su propio día.
Como una broma entre científicos, el biólogo molecular uruguayo Juan Pablo Tosar sugirió el primero de agosto, haciendo referencia a ese juego de palabras. Al día siguiente, una encuesta mostró un amplio respaldo a la propuesta y, desde entonces, la comunidad científica internacional adoptó esa fecha. Hoy se celebra en distintos países con seminarios, charlas, actividades educativas y eventos de divulgación científica.
Más allá de la curiosidad sobre la fecha, el ARN ocupa un lugar central en la biología. De hecho, una de las teorías más aceptadas sobre el origen de la vida, conocida como “la hipótesis del mundo de ARN” de Gilbert, propone que esta molécula fue la primera capaz de almacenar información genética y, al mismo tiempo, realizar reacciones químicas esenciales, incluso replicarse en ciertas condiciones.
Hoy sabemos que el ARN es mucho más que un simple intermediario entre el ADN y las proteínas. Durante muchos años se pensó que su función principal era servir de puente entre ambas moléculas, pero los avances científicos demostraron que esa visión era incompleta.
De hecho, la mayoría de las moléculas de ARN presentes en las células no producen proteínas. En cambio, cumplen funciones regulatorias fundamentales, controlando procesos como el desarrollo, la respuesta al estrés, la defensa frente a patógenos y la expresión de miles de genes.
El descubrimiento de las múltiples funciones del ARN ha impulsado enormes avances en biotecnología y medicina. Un ejemplo muy conocido son las vacunas de ARN mensajero desarrolladas contra la COVID-19, que demostraron el enorme potencial de esta molécula para prevenir enfermedades.
Pero sus aplicaciones van mucho más allá: hoy se investiga el uso de ARN para desarrollar nuevas terapias, mejorar cultivos agrícolas, aumentar la resistencia de las plantas frente a enfermedades y condiciones ambientales adversas, e incluso regular procesos de desarrollo en distintos organismos.
Su día nos invita a descubrir una molécula que continúa transformando nuestro conocimiento sobre la vida. Difundir su importancia es también una forma de acercar la ciencia a la sociedad y de reconocer el impacto que la investigación básica puede tener en nuestra vida cotidiana.
*Por Damián Alejandro Cambiagno, profesor auxiliar del DQBRC- FCQ, e investigador adjunto del CONICET.
