
El pasado 14 de agosto, en el Salón Azul del Senado de la Nación, el Foro de Ciencia y Tecnología para la Producción distinguió a Juan Pablo Real con el premio Doctor A. Balseiro por un desarrollo que permite elaborar medicamentos personalizados en forma automatizada. Para cumplir esa tarea, el principio activo es incorporado en una matriz (“vehículo”) a medida, que luego es materializada en una impresora 3D.
El reconocimiento, otorgado en la categoría Investigador Joven, se trata de una mención honorífica, sin componente económico. La ceremonia se realizó en el marco de la 17º edición de este premio, que fue presidida por la senadora nacional Cristina López.
“Esta distinción valora el trabajo que vengo desarrollando en la startup universitaria PILL.AR, donde logré traducir una investigación académica, nacida en la Facultad de Ciencias Químicas (UNC), en una solución tecnológica con aplicación productiva y social concreta en el campo de la salud”, dijo el docente e investigador del Departamento de Ciencias Farmacéuticas y de la Unidad de Investigación y Desarrollo en Tecnología Farmacéutica (UNITEFA).
La plataforma tecnológica está radicada en PILL.AR, una spin-off (empresa derivada) de la UNC, con sede en la Secretaría de Innovación y Vinculación Tecnológica. Desde mediados de 2025, la tecnología instalada en una farmacia de Córdoba fabrica medicamentos personalizados para pacientes de especialidades como neurología, nutrición, dermatología, urología, medicina ortomolecular y oftalmología, entre otras.

Además de la impresora 3D, el desarrollo incluye dispositivos asociados como el cartucho, el software que controla los procesos y otro tipo de equipamientos que optimizan los tiempos de producción. El objetivo es producir medicamentos que mejoren la calidad de vida de pacientes polimedicados y beneficien el sistema de salud.
La startup produce 30 cápsulas por minuto y entrega medicamentos personalizados en 72 horas hábiles. “PILL.AR cuenta con más de 70 activos ya desarrollados para responder en esos tiempos. Cuando un médico necesita un producto que aún no forma parte del catálogo, el proceso se inicia desde 0 y los tiempos suelen extenderse un poco más”, explicó el doctor en Ciencias Químicas y cofundador de la firma.
En 2026, esta empresa tiene previsto incrementar la cantidad de pacientes y profesionales que ya trabajan con esta tecnología en Córdoba, incorporar sus servicios en una segunda farmacia de la provincia de Buenos Aires y ampliar la red en diferentes lugares del país incorporando hospitales públicos y privados.

Primeras impresiones
El proyecto de Juan Pablo Real surgió durante su postdoctorado radicado en el grupo dirigido por Santiago Palma en UNITEFA. Tras explorar métodos para producir medicamentos utilizando la impresión 3D, el científico creó uno nuevo llamado MESO-PP (Melting Solidification Printing Process, es decir Proceso de Impresión por Fusión y Solidificación). Luego de 6 años, en 2026 el método quedó patentado.
Generalmente, los medicamentos personalizados se elaboran en farmacias magistrales, establecimientos que se dedican a producir fármacos a medida de las y los pacientes en diversas especialidades médicas. De allí que el nuevo método desarrollado en la UNC fue creado para adaptar la impresión 3D a ese tipo de farmacias.
Durante el proceso de creación se fueron sumando las y los becarios Eugenia Barberis, Lucía López Vidal y Bruno Barrientos junto a profesionales de otras disciplinas como el diseñador industrial Ignacio Sipowicz, quienes acompañaron los trabajos destinados a impulsar los avances del nuevo método y de la tecnología de impresión.
En 2023, a partir del interés del grupo inversor SF500, Real creó un prototipo de impresora 3D basado en el método MESO-PP y junto a Santiago Palma, Daniel Real y Enzo Moriconi comenzaron a especializarse. En ese marco, crearon PILL.AR, una startup destinada a la transferencia de esa tecnología. A mediados de 2025, lograron instalar la primera impresora 3D en una farmacia magistral cordobesa.
El primer tratamiento fue una “desprescripción de amitriptilina”, un proceso de disminución gradual de la dosis de este antidepresivo. “El médico conocía la capacidad de nuestra impresora 3D para cambiar dosis de fármacos impreso a impreso, por lo que nos solicitó diseñar 60 cápsulas con dosis decrecientes para que su paciente pudiera ir retirando la medicación en forma gradual, sin sufrir los eventos adversos que ya había experimentado en otros intentos”, explicó Real.

En ese tiempo, el equipo también realizó trabajos con el Instituto Conci Carpinella para crear un suplemento vitamínico personalizado en base al déficit identificado en 20 pacientes sanos. El estudio tuvo excelentes resultados, por lo que las personas lograron reducir el número de tomas diarias con mejoras en sus perfiles de vitaminas.
“El principal aporte de esta tecnología radica en su capacidad de aumentar la precisión, la calidad y la eficiencia de las farmacias magistrales”, dijo el experto. La impresora 3D logra alcanzar los niveles exigidos por la industria farmacéutica reduciendo el tiempo productivo.Estas ventajas permiten que los medicamentos personalizados vuelvan a ser considerados por las y los médicos como una solución conveniente para sus pacientes.
Nuevo paradigma: medicamentos a medida de las personas
Luego de los primeros desarrollos en instalaciones de la FCQ y UNITEFA, la startup se trasladó a la Secretaría de Innovación y Vinculación Tecnológica de la UNC, donde se fueron sumando casos: Neurólogos que trabajan combinaciones para la prevención de la migraña; dermatólogos que buscan combinar finasteride o dutasteride con minoxidil para fortalecer el cabello y oftalmólogos que necesitan indicar antioxidantes por vía oral para enfrentar los efectos de enfermedades oculares, entre otros.
La lista sigue creciendo porque la tecnología diseña combinaciones exactas. “Durante décadas, médicos y pacientes tuvieron que adaptarse a lo que ofrecía la industria: dosis fijas y presentaciones pensadas para un paciente promedio que casi nunca existe. Nuestra innovación invierte esa lógica: ya no es el paciente el que se adapta al medicamento, sino éste al paciente”, reflexionó Juan Pablo Real.

El científico comentó que antes, si alguien necesitaba una dosis o combinación de activos que no venía en ningún producto comercial, el sistema no tenía respuestas u ofrecía un preparado magistral artesanal con mayores márgenes de error. Esto cambió gracias a la tecnología de PILL.AR. Una prueba entre cápsulas impresas de minoxidil con dutasteride con otras elaboradas con el método artesanal tradicional demostró que sólo la tecnología creada en la FCQ cumplió con los criterios de uniformidad de contenido.
Además de la flexibilidad, otra ventaja es la precisión con la que la impresora 3D prepara cada medicamento personalizado, lo que significa mejores condiciones de seguridad en la calidad de vida de las personas. Por ejemplo, alguien con ansiedad ahora puede ir graduando el retiro de dosis de benzodiacepinas tomando sus cápsulas en el orden indicado y evitando así que una discontinuación abrupta interfiera en su tratamiento.

De Ciudad Universitaria a las ciudades del mundo
Además del grupo original surgido en 2023, hoy PILL.AR está integrada por Christian Sadoly, Tomás Palmieri, Julieta Ferrucci, Ezequiel Juárez, Conrado Mazzieri, Sofía Zimerman, Javier Torres, Gonzalo Angelleri, Victoria Angeleri y Francisco Zaragoza.
A partir de este desarrollo, a fines de 2025, el Ministerio de Salud de Córdoba habilitó una nueva categoría farmacéutica para la producción de medicamentos mediante impresión 3D, lo que incrementó las consultas de profesionales de medicina. En adelante, esta innovación ingresará a una nueva fase donde aparecen 3 palabras claves: crecimiento local, patentamientos y expansión internacional.
Este año, la prioridad es crecer en la cantidad de pacientes y profesionales de la salud que ya trabajan con esta tecnología en Córdoba para luego sumar farmacias y hospitales públicos y privados de todo el país. La startup también buscará aumentar la cantidad de activos disponibles en su catálogo, mejorar el equipamiento para la producción y desarrollar un software para simplificar el diseño de recetas personalizadas.

El desafío implica incrementar la cantidad y la calidad de los medicamentos personalizados, pasando de los métodos artesanales a una metodología asistida por tecnología. Para eso, además del equipamiento, son necesarias las “tintas” con las que trabaja la impresora.
PILL.AR ya desarrolló más de 70 “tintas” de fármacos. Se trata de activos incorporados en excipientes genéricos ya aprobados bajo categoría GRAS (seguros). “Nuestra innovación está en el proceso de impresión, no en la materia prima. No creamos nuevos materiales, cambiamos la forma de usarlos. Al seleccionar excipientes, priorizamos aquellos fáciles de conseguir para no depender de insumos exclusivos”, dijo Real.
En cuanto al trabajo de su equipo, el académico sostuvo que implica “asegurar la estabilidad fisicoquímica del fármaco dentro de la “tinta” que diseñan, garantizar la precisión al dosificar y evaluar la estabilidad del material y de la cápsula para certificar la calidad del medicamento por 6 meses, como mínimo, desde su elaboración”.

El método MESO-PP ya cuenta con la patente AR118294B1, a cargo de la UNC y CONICET hasta 2040. Además, la startup tramitó la protección de la plataforma a nivel internacional, lo que incluye el hardware, el software, dispositivos como el cartucho de la impresora 3D y la producción de medicamentos personalizados inéditos en el futuro.
“Patentar implica convertir años de investigación en un activo defendible, atraer inversión y proyectar la escala del negocio -señaló el farmacéutico- Es llevar el nuevo método a la producción en cada farmacia. Sin esa protección, cualquier avance quedaría expuesto a ser replicado sin control de calidad ni trazabilidad, algo crítico tratándose de medicamentos”.
Una vez alcanzada la patente internacional, PILL.AR buscará trascender las fronteras, todo un desafío en tiempos de apertura de importaciones y desfinanciamiento del sistema científico-tecnológico argentino.
“Actualmente, hay poca competencia a nivel mundial y el proyecto genera valor agregado para médicos, farmacias, pacientes e incluso la industria farmacéutica. Gran parte de la tecnología de salud se importa. Nuestro proyecto va en sentido contrario: generamos tecnología pensada y fabricada en Argentina con posibilidad de exportarse y ser adoptada por farmacias de diferentes partes del mundo”.
