
Nota de opinión por Silvia Correa, decana de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Córdoba.
Desde sus inicios, nuestra Facultad formó profesionales de excelencia que se han desempeñado en todo el territorio nacional. Basta con asomarnos a esta historia de superación continua para comprender que supimos interpretar sus expectativas, que seguimos tendiendo puentes con el sector productivo y que pudimos desplegar una variada y robusta investigación que nutre la soberanía científica de la UNC.
El 67 aniversario de la Facultad de Ciencias Químicas es una invitación a analizar el contexto histórico de su creación. La Asamblea Universitaria de abril de 1959, una sesión nocturna y maratónica comenzó a las 21:30 y terminó a las 0:45 de la madrugada, dando así nacimiento a nuestra casa de estudio.
Podemos imaginar a los académicos y estudiantes discutiendo sobre el “Plan de Austeridad”, también conocido como “Plan de Estabilización y Desarrollo”, implementado por el gobierno en un momento de crisis nacional y con referencias constantes a las dificultades económicas.
Algunos asambleístas, contrarios a la creación de la Facultad, describieron la situación del país como grave, señalando que el Gobierno nacional buscaba sanear las finanzas públicas y, por lo tanto, no era prudente realizar una nueva inversión presupuestaria. Los opositores a la creación inmediata de la Facultad, para justificar su postura, argumentaban que, además de los problemas a nivel nacional, las facultades existentes tenían serios problemas y que era necesario reparar techos antes de crear nuevas estructuras.
Señalaban que, pese a los refuerzos presupuestarios recibidos del Poder Ejecutivo, había cátedras sin gas para trabajos de investigación y no había fondos para el forraje de los animales de laboratorio. Y como ya se reconocía que la formación en Química requiere grandes inversiones en bibliotecas especializadas, laboratorios y equipamiento, se concluía que “la Facultad de Ciencias Químicas será extraordinariamente costosa«.
Contrariamente, el asambleísta Samuel Kriczkovsky -uno de los tres estudiantes que firmaron el despacho- decía: “Nosotros no nos podemos alejar de la realidad de que la universidad, día a día, se ve disminuida en sus posibilidades de desarrollo debido a causas de tipo económico. Día a día, los planes o los proyectos ya elaborados o en mente de las autoridades de esta Casa o de sus cuerpos colegiados, de desarrollo de la función social directa, en cuanto a beneficiar a los estudiantes y a todos los componentes de la vida de la universidad, no pueden ir más adelante porque la Universidad no cuenta con los elementos suficientes para poner en práctica estas ideas. Es decir, que la Universidad, creo, debe tomar conciencia, y lo está haciendo, de que no puede seguir permaneciendo callada frente a una situación de ahogo a que se la va conduciendo consciente o inconscientemente y que más tarde o más temprano tendremos que despertar de esta situación, pero valdría mucho más que despertáramos antes para no ser definitivamente ahogados”.
Otras opiniones también ayudaron a inclinar la asamblea en favor de la creación de nuestra Facultad. Fue importante destacar la necesidad de desarrollar capacidades, investigar y formar excelentes profesionales en áreas de la Química que pudieran contribuir a la transformación industrial que ocurría en Córdoba.
Estaban convencidos de que no se podía renunciar al adelanto científico por razones puramente económicas, especialmente cuando los fondos solicitados eran pequeños en relación al presupuesto total y la Universidad, en su autonomía, tenía la atribución de disponer de los recursos para organizarse de la manera más favorable.
Otro argumento de peso muy relevante fue la comparación con otras instituciones de Argentina y el atraso de nuestra Universidad en el desarrollo científico y de la Química en particular. Podemos pensar que quienes defendieron la propuesta fueron capaces de imaginar a la ciencia como una acción contra-cíclica: mientras el Poder Ejecutivo Nacional imponía el Plan de Austeridad y se denunciaba el deterioro de techos en otras facultades, algunos asambleístas opinaban que el progreso industrial y científico era la única salida real a la crisis.
Esto subraya los opuestos que se vivían por esas horas donde, habiendo animales de laboratorio que no podían mantenerse, se discutía el futuro de la ciencia. Los ecos de 1959 nos muestran que, aun cuando el contexto era adverso para las universidades argentinas, la clarividencia de los 35 asambleístas que votaron positivamente el proyecto en general hizo posible el surgimiento de nuestra Facultad y la inversión en ciencia terminó multiplicando el capital simbólico y económico de la región.
En el período 1959-1971, nuestra institución definió sus lógicas institucionales. En esos doce años de transición en los que funcionó como Instituto de Ciencias Químicas se ensayó la estructura de Departamentos Académicos -muy debatida durante la asamblea-, se rompió con el modelo de cátedras aisladas y se consolidó la dedicación exclusiva del cuerpo docente. El prestigio de los investigadores e investigadoras incorporados al instituto, una década de producción científica sólida y en crecimiento, la formación de doctores y la maduración académica jerarquizaron al Instituto y justificaron la promoción al grado de Facultad
Merecen una consideración especial las palabras del estudiante Miras en la asamblea: “En este asunto de la creación de la nueva Facultad estamos unidos todos; todo el estudiantado de Farmacia coincide en el deseo de independizarnos, en la aspiración de contar con nuestro propio gobierno, en el anhelo de que nuestros problemas que son de química, sean resueltos por químicos”.
Sus palabras sintetizan la idea central de la creación de la Facultad de Ciencias Químicas: construir una comunidad académica con identidad propia. ¿Se ha logrado el equilibrio perfecto entre su papel original y las demandas actuales del sector productivo? ¿Qué podríamos decirles a esos docentes y estudiantes que sintieron que era el momento de impulsar el crecimiento de la Química a pesar del momento económico desfavorable?
En aquel tiempo hubo un deseo concreto de que esta universidad incorporara y expandiera los saberes de la Química para sumarse a las necesidades del medio y la asamblea dio respuesta a esa demanda. La creación significó implementar estrategias concretas que permitieran hacer camino al andar: claramente los fundadores nunca sacrificaron la investigación como actividad central para el desarrollo de nuestra disciplina.
Desde sus inicios, nuestra Facultad formó profesionales de excelencia que se han desempeñado en todo el territorio nacional. Basta con asomarnos a esta historia de superación continua para comprender que supimos interpretar sus expectativas, que seguimos tendiendo puentes con el sector productivo y que pudimos desplegar una variada y robusta investigación que nutre la soberanía científica de la UNC.
La formación en Química con estándares de calidad sigue requiriendo de docentes expertos, y grandes inversiones en bibliografía especializada, laboratorios y equipamiento. Dolorosamente, luego de 67 años, los contextos adversos son sintomáticamente similares. Cabe preguntarse si el actual desfinanciamiento de nuestras universidades podrá efectivamente comprometer el crecimiento de la Química o sabremos revertir sus efectos como ocurrió en 1959.
