Concientizar para prevenir: El VPH, un desafío vigente con respuestas concretas desde la ciencia y la salud pública

Virginia Elena Rivero

Nota de opinión por Virginia Elena Rivero. Dra. en Ciencias Químicas. Investigadora Principal CONICET. Prof. Titular Dpto. de Bioquímica Clínica FCQ-UNC; y por Cecilia Gabriela Cuffini. Dra. en Ciencias de la Salud.  Investigadora Adjunta CONICET. Prof. Asociada Instituto de Virología “Dr. J. M. Vanella” FCM-UNC.

Cada 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Concientización sobre el Virus del Papiloma Humano (VPH). Más que un aniversario, es una oportunidad para recordar algo clave: estamos frente a una de las infecciones de transmisión sexual viral más frecuentes del mundo, pero también frente a una de las más prevenibles.

El VPH constituye un factor etiológico indispensable en el desarrollo del cáncer de cuello uterino (CCU), ya que está presente en más del 95% de los casos a nivel mundial. Sin embargo, su presencia por sí sola no es suficiente para que se desarrolle la enfermedad, dado que la progresión hacia lesiones malignas depende de la persistencia de la infección y de la interacción con otros factores del hospedadory del ambiente. 

El VPH está implicado en otros cánceres, como los orofaríngeos y anales, y en alteraciones de la salud reproductiva tanto en mujeres como en varones. A pesar de contar con herramientas altamente efectivas, el CCU sigue siendo una de las principales causas de muerte por cáncer en mujeres a nivel mundial y continúa siendo un problema relevante en nuestro país.

Frente a este escenario, la estrategia global es clara. La Organización Mundial de la Salud propone el objetivo “90-70-90”: vacunar al 90% de las niñas antes de los 15 años, tamizar al 70% de las mujeres en edades clave y tratar al 90% de quienes presenten lesiones. No es una meta utópica: es una hoja de ruta posible si se sostienen y amplían las políticas públicas.

En Argentina, la vacunación contra el VPH es gratuita y obligatoria a los 11 años para niñas y niños. Esto no sólo protege de manera individual, sino que también reduce la circulación del virus en la comunidad. Además, avances recientes indican que esquemas de una sola dosis vacunal pueden ser efectivos en ciertos contextos, lo que abre la puerta a mejorar la cobertura, especialmente en regiones con menos recursos. 

En este contexto, es importante reforzar un mensaje clave: hoy contamos con herramientas muy efectivas y seguras para prevenir el VPH y por ende sus consecuencias. Las vacunas contra el VPH han demostrado una altísima eficacia y un excelente perfil de seguridad: se han administrado más de 175 millones de dosis en el mundo, con un seguimiento continuo en estudios de vigilancia (fase IV) que confirman su seguridad en distintas poblaciones. 

A la estrategia preventiva de vacunar se suman los controles ginecológicos; la prueba de Papanicolaou (citología vaginal) permite detectar cambios celulares tempranos antes de que progresen a cáncer y la colposcopía que posibilita una evaluación más detallada y el seguimiento de lesiones cervicales. En conjunto, vacunación y tamizaje constituyen una estrategia complementaria y altamente efectiva para prevenir el cáncer de cuello uterino.

Pero mientras la prevención avanza, la ciencia sigue haciéndose preguntas. En Córdoba, nuestros grupos de investigación están aportando respuestas valiosas. Uno de los hallazgos más relevantes muestra que el VPH no actúa solo. En coinfección con Chlamydia trachomatis; una bacteria de transmisión sexual muy frecuente, el virus puede generar un entorno que favorece la persistencia de ambas infecciones. Esta interacción “desorienta” al sistema inmune, aumentando moléculas regulatorias que disminuyen la capacidad de eliminar los patógenos. ¿El resultado? Mayor riesgo de cronicidad y progresión hacia lesiones más graves.

Otro aspecto que hoy se está visibilizando es el impacto del VPH en la salud reproductiva masculina. Lejos de ser un problema exclusivo de las mujeres, estudios realizados en nuestra universidad muestran que el virus puede afectar la calidad seminal, generando inflamación, estrés oxidativo y daño en el ADN de los espermatozoides. Esto refuerza una idea fundamental: el VPH es un tema de pareja y de salud integral.

También se están estudiando las variantes del virus que circulan en nuestra región. Investigaciones en lesiones orales en pacientes argentinos sugieren que ciertas variantes del VPH-16 podrían tener características particulares en términos de persistencia o agresividad. Conocer estas diferencias es clave para pensar en estrategias diagnósticas y terapéuticas más precisas.

A esto se suma un desafío emergente: las infecciones en sitios extragenitales. Estudios recientes realizados en Córdoba muestran que una proporción significativa de personas presenta infecciones por VPH o Chlamydia en la garganta o el recto, muchas veces sin síntomas y aun cuando los estudios genitales son negativos. Estos “reservorios ocultos” no sólo facilitan la transmisión, sino que también pueden, con el tiempo, derivar en patologías más graves, como cáncer oral o anal. Este hallazgo pone en evidencia la necesidad de ampliar las estrategias de diagnóstico.

Con todo esto en mente, hay algunas ideas que vale la pena reforzar:

  • Vacunarse a tiempo es la herramienta más efectiva para prevenir el VPH y sus consecuencias.
  • Ampliar los controles, incorporando el test de VPH, permite detectar riesgos antes de que aparezcan lesiones.
  • Pensar en coinfecciones es clave para un abordaje clínico adecuado.
  • Incluir a los varones en la prevención y el diagnóstico es fundamental para cuidar la salud reproductiva y cortar la transmisión.

El mensaje es claro: el conocimiento salva vidas.

La investigación que se realiza en Córdoba no solo contribuye al avance científico global, sino que también nos ayuda a entender mejor nuestra propia realidad epidemiológica y a tomar decisiones más informadas. Al mismo tiempo, nos recuerda que la prevención no depende solo de la ciencia, sino también de la concientización, el acceso a la salud y el compromiso colectivo.

Esta efeméride es una invitación a informarse, a consultar y, sobre todo, a actuar. Porque el VPH se puede prevenir, y el cáncer de cuello uterino es, en gran medida, evitable.

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