
Nota de opinión por Marcelo Mariscal. Exdecano de la Facultad de Ciencias Químicas UNC. Investigador Principal INFIQC – CONICET. Profesor Distinguido Beatriz Galindo, Universidad de la Laguna España.
La llegada de Helvetios a la Universidad Nacional de Córdoba es una excelente noticia. Pero su significado más profundo no reside solamente en la potencia de una nueva máquina. Nos obliga a pensar cómo se construyen, se sostienen y se renuevan las capacidades científicas en la universidad pública.
Helvetios fue durante varios años parte de la infraestructura de cálculo de la prestigiosa EPFL (Escuela Politécnica Federal de Lausana). Puesta en servicio en 2019, reúne 288 nodos, 10.368 núcleos de procesamiento y 54 terabytes de memoria. Para la EPFL llegó al final de su ciclo institucional ya que el hardware había quedado fuera del soporte regular y modernizar la plataforma completa resultaba menos conveniente que reemplazarla por sistemas de nueva generación.
Para la UNC, en cambio, su incorporación triplica la capacidad de cómputo existente y abre posibilidades concretas para distintas áreas del conocimiento, como la física, la química, la astronomía, la farmacología, las ingenierías y muchas otras disciplinas.
Una institución puede retirar una máquina todavía valiosa porque dispone de recursos para renovar su infraestructura cada pocos años. Otra puede transformar esa misma máquina en una plataforma estratégica porque durante décadas debió construir sus capacidades con inversiones mucho más espaciadas y caóticas. La misma tecnología ocupa lugares distintos según las posibilidades económicas de cada sistema científico.
Conozco esta discusión desde una experiencia que me involucró directamente. En 2019 me tocó dirigir el proyecto PAGE “Sistema integral de supercómputo”, mediante el cual la UNC adquirió Serafín. La inversión, de aproximadamente 386.000 dólares, fue financiada en su totalidad por la propia Universidad Nacional de Córdoba.
Fue una decisión institucional significativa, en un contexto presupuestario siempre restrictivo, la UNC eligió destinar recursos propios a una infraestructura que no pertenecía a una facultad, un laboratorio ni un grupo particular, sino que debía funcionar como una capacidad compartida por toda la comunidad científico-tecnológica.
Serafín fue una apuesta por democratizar el acceso al cálculo de alto desempeño: reunió demandas que estaban dispersas, formó personal técnico y demostró que una universidad pública del interior del país podía administrar una plataforma de esta envergadura al servicio de una comunidad científica que iba incluso más allá de la provincia de Córdoba. También permitió vincular nuevas tecnologías con problemas concretos del sector productivo, como fue el caso de los servicios contratados por Y-TEC (YPF Tecnología S.A).
Por eso la llegada de Helvetios demuestra exactamente lo contrario: que aquella inversión sigue siendo necesaria. Sin Serafín, sin Cristina, sin Mendieta, sin Eulogia, sin el Centro de Computación de Alto Desempeño (UNC Supercomputo), sin sus equipos técnicos y sin una comunidad de usuarios ya formada, la donación de Helvetios podría haber sido apenas el traslado de casi cuatro toneladas de equipamiento y quedar en cajas por mucho tiempo (como ha ocurrido en otros destinos de nuestro país).
Recibir una supercomputadora no equivale a disponer de capacidad de supercómputo. Para convertir hardware en ciencia hacen falta instalaciones, mantenimiento y, sobre todo, personal especializado e investigadores capaces de formular preguntas y utilizar estas máquinas adecuadamente.
Esto ocurre también gracias a la cooperación internacional. Los vínculos internacionales producen sus mejores resultados cuando encuentran capacidades locales sobre las cuales apoyarse. Helvetios no llegó a un terreno vacío, se incorporó a una historia institucional que comenzó antes y que hizo posible reconocer la oportunidad, organizar su traslado, adaptar el datacenter y poner la máquina al servicio de nuevos proyectos.
La comparación con la EPFL deja, sin embargo, una advertencia. Helvetios alcanza una potencia pico teórica de 763 teraflops. El actual clúster CPU de la EPFL, Jed, supera los 2,3 petaflops. Kuma, su plataforma acelerada con GPU, alcanza 21,66 petaflops de potencia pico. Para ciertos trabajos podríamos decir que es unas 25 veces más potente que Helvetios.
La conclusión no debería ser que la Argentina debe resignarse a recibir lo que otros dejan de utilizar. La donación merece reconocimiento y constituye un ejemplo inteligente de cooperación y reutilización tecnológica. Pero una donación, por valiosa que sea, no puede reemplazar una política sostenida de inversión.
En supercomputación, una inversión aislada pierde rápidamente valor relativo, sólo basta con seguir la evolución histórica de la lista TOP500. Los equipos envejecen y los fabricantes dejan de ofrecer soporte. El desafío no consiste solamente en inaugurar máquinas, sino en planificar su renovación.
Se necesitan fondos sostenidos, previsibilidad presupuestaria y una estrategia nacional que articule las universidades públicas con los organismos de ciencia y tecnología. También es muy importante sostener a los equipos técnicos, lo que ha logrado el CCAD en este aspecto es único en el país.
La experiencia de Serafín también mostró que las universidades pueden tomar decisiones estratégicas con recursos propios. Está claro que la autonomía universitaria nos permite definir prioridades, pero también debemos saber que no puede compensar indefinidamente la ausencia de una política nacional de equipamiento científico.
Helvetios representa una oportunidad extraordinaria para la UNC y para el sistema científico argentino. Debemos celebrar y agradecer la generosidad de la EPFL, la embajada de Suiza y el trabajo de quienes hicieron posible su traslado e instalación. La mejor forma de honrar esa cooperación es utilizar intensamente la máquina, y convertir sus resultados en conocimiento, formación y soluciones para la sociedad.
Al mismo tiempo, debemos evitar una lectura complaciente. El hecho de que una plataforma descartada por una institución de un país desarrollado produzca aquí un salto de escala revela tanto el valor de la donación como la magnitud de nuestra brecha de inversión.
Esta es, para mí, la lección del camino que va de Serafín a Helvetios en la Universidad Nacional de Córdoba.
